A meses de haber puesto en marcha el régimen institucional de resguardo de dispositivos móviles —una medida orientada a optimizar la concentración y el bienestar integral—, el Colegio Universitario Central comparte una valoración pedagógica integral. Lejos de la prohibición absoluta, la iniciativa se consolidó como una decisión político-pedagógica para potenciar el encuentro real, el diálogo entre pares y la atención en las aulas.
“Sabemos que la implementación de esta medida genera diversas experiencias en nuestra comunidad, y estamos atentos a cada uno de esos aportes, porque también tenemos en cuenta el pensamiento crítico, una de las características más importantes que nos distingue como institución. Insistimos en que el verdadero propósito va mucho más allá de una norma formal o de una cuestión de oportunidad: continuamos trabajando y acompañando este proceso para que el sentido de la propuesta logre internalizarse profundamente en el cotidiano de nuestros estudiantes”, expresó la directora del CUC, Andrea Radich.
Vivimos un tiempo de profundas transformaciones culturales. La expansión de las tecnologías digitales ha modificado la forma en que las personas se comunican, acceden al conocimiento, construyen vínculos, organizan su tiempo y participan de la vida social. Particularmente entre adolescentes y jóvenes, el teléfono celular ha dejado de ser únicamente un dispositivo de comunicación para convertirse en un espacio permanente de interacción, entretenimiento, producción de contenidos e incluso de construcción de la propia identidad.
Preparar a las nuevas generaciones
Frente a este escenario, las instituciones educativas en general y el CUC en particular no pueden permanecer ajenas, ni tampoco limitarse a respuestas simplificadas que oscilen entre la prohibición absoluta o la aceptación irrestricta del uso de los dispositivos. Educar siempre ha significado preparar a las nuevas generaciones para comprender críticamente el mundo que habitan, y hoy ese mundo es, inevitablemente, también digital.
El desafío que enfrentan las escuelas no consiste en decidir si la tecnología debe o no ingresar al aula, sino en cómo construir condiciones para que esa tecnología contribuya efectivamente al aprendizaje, fortalezca los vínculos humanos y favorezca el desarrollo de ciudadanos capaces de decidir con libertad y criterio ético.
Desde esa convicción, la regulación del uso del celular en las aulas del Colegio Universitario Central no buscó formar estudiantes que dependan de una norma externa para actuar correctamente, sino propiciar las condiciones institucionales necesarias para que los jóvenes pudieran volver a encontrarse con el saber, con los otros y consigo mismos.
Balance de una política institucional necesaria
En términos generales, la comunidad educativa reconoce que la implementación de la medida generó un impacto altamente positivo en la dinámica escolar cotidiana:
- Mejores condiciones para el aprendizaje: Se favoreció de manera directa un entorno propicio para la concentración, la atención sostenida y el desarrollo académico en las distintas asignaturas.
- Convivencia cotidiana fortalecida: El vínculo entre pares ganó calidad, profundidad y calidez en los recreos y espacios de encuentro real, reduciendo el aislamiento digital dentro de la escuela.
- Procesos de autorregulación: La política promueve que los y las jóvenes comiencen a gestionar su propio vínculo con la tecnología de manera consciente, crítica y equilibrada.
- Conversación institucional abierta: Se instaló en el centro de la escena un debate necesario y constructivo sobre el lugar que ocupan hoy las tecnologías digitales en la formación de los adolescentes.
Al mismo tiempo, este proceso de evaluación participativa permitió identificar aspectos susceptibles de mejora, vinculados fundamentalmente con la necesidad de continuar construyendo criterios comunes, profundizar las acciones de formación interna y sostener instancias permanentes de revisión de las políticas institucionales.
Educar en tiempos de hiperconectividad
La escuela no puede ni debe competir con la tecnología, ni tampoco limitarse a aceptarlas o rechazarlas de forma pasiva. Su responsabilidad esencial consiste en enseñar a habitarlas con criterio, responsabilidad y sentido ético.
Esta experiencia reafirma una certeza fundamental que orienta el proyecto educativo del Colegio Universitario Central: la tecnología alcanza su mayor valor cuando está al servicio del desarrollo humano. Esa convicción continuará guiando el rumbo de una institución que entiende que educar es, en definitiva, preparar a las nuevas generaciones para vivir con libertad, responsabilidad y compromiso en la sociedad que les toca construir.
"Regular el uso del celular nunca fue el objetivo. El verdadero desafío fue crear las condiciones para que nuestros estudiantes pudieran volver a encontrarse con el aprendizaje, con los otros y consigo mismos."
A continuación, se adjunta el informe completo: